Y llegó el día que tanto esperaban y no esperaban algunas, el día que yo, personalmente, no deseaba aún que viniera a mi encuentro... Pero las fechas son inamovibles, y los días pasan y se van acercando irremisiblemente, y como diría el Agente Smith: "Es inevitable".
Sobre las cinco me levanté (a pesar de haber puesto el despertador a menos cuarto), me vestí más rápido que una gacela (cosa que no tiene mucho sentido, porque las gacelas suelen ir desnudas) y bajé para tomar el último petit dejeuner en casa de nuestra querida Mme. Dambrine. Allí estaban, alrededor de la mesa, Toufik, Sandra (de Córdoba) y Rocío (éstas dos últimas acababan de llegar), que desayunaban ávidamente.
El tipo del taxi no parecía precisamente amable, yo no entendí prácticamente nada de lo que habló con mi compañero, pero su tono no me parecía bueno... Recogimos a Sandra por el camino y pronto llegamos al aeropuerto y tras nosotros lo hicieron los forestales, y más tarde los dos Carlos y Salma.
Bueno, la historia de los dos Carlos se merece un capítulo aparte, pero eso es algo que yo no voy a hacer, puesto que no estuve con ellos para contarlo de primera mano (así que ya sabes, Carlos, al lío), pero sí que os daré un resumen de
sus aventuras.
Una vez nos separamos por la madrugada fueron al "Safari", y allí se quedaron hasta las cuatro por ahí, y fueron en busca de un taxi... y no lo encontraron (y se hartaron de correr buscando). Mas Carlos Google tiene muchos recursos y le pidió a uno que lo llevara hasta Merignac por veinte euros, y el tipo aceptó un poco a regañadientes. Ya allí (creo) Carlos Rojo tuvo que pedir desesperadamente a otro individuo que lo llevara hasta su hogar ("Je suis desesperer", dijo), y el hombre que fue bueno así lo hizo. Mientras tanto Salma hacia tiempo para que el taxista no se fuera sin nuestro amigo... y así fue.
Bueno, ya en el aeropuerto, y tras una corta espera, fuimos embarcando las maletas. Yo tenía diecinueve kilos, Toufik veinte, Sandra muchos, pero como los tenía en maletas distintas se libró de pagar, y Carlos... Carlos tenía demasiado, y tuvo que pagar una cifra considerable por el sobrepeso. Fue el único que lo hizo.
Bueno, y al salir por la puertecita allí estaban los familiares del personal (aunque no los míos), nos saludamos y tal y tras un ratillo (y una vez nos despedirnos de Salma), nos dirigimos a los vehículos, aunque antes de ello nos despedimos de Sandra y su familia. Y yo me fui avec Carlos y sus padres, que me llevarían a mi querido (aunque no añorado) pueblo, y con los que almorzaríamos en ma maison pollo asado.
Y, bueno, aquí no se acaba la historia, pues al menos una entrada (especial) más va a ser publicada en este blog, y tras ella aquí permanecerá hasta que los de Blogger quieran, por lo que cada vez que queráis "revivir" nuestras alegres peripecias no tenéis más que sumergiros en las palabras que un servidor a escrito lo mejor que ha podido o le ha permitido el tiempo, y desde luego que espero que la lectura de este blog os haya aportado momentos divertidos. Así que daros las gracias por vuestra fidelidad, y mandar un especial saludo a nuestras familias y compañeros de clase.
Hasta muy pronto.
2 comentarios:
¡Carlos Fogg! Moviéndose a golpe de bank-notes...
Que pasa raul soy DANI, y por favor no soy el hombre record, mas bien el "L OKo", y por cierto el detalle del record de asistencia a un botellon al aire libre yo creo que es real, o dime tu si has visto por ahi en burdeos gente haciendo botellon 'made in spain'.
SALU2 "L OKo"
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