lunes, 18 de junio de 2007

Día campestre (Día 49)

A las diez y media me despertó el móvil porque así yo lo había querido. Me vestí, preparé con celeridad y me largué hacía la casa de Juan. Por cierto, llovía.

Fue subir a casa de mi compañero de almuerzos, y bajar al instante, aunque con la sillita de Cleolla (la más mayor -no sé si está bien escrito-) a cuestas. Jill apareció caminando, y al poco lo hizo el vehículo que nos recogería (en él había una pareja cuyos nombres nunca entendí o quizás olvidé), montamos todas las cosas en el coche y Jill tiró para adelante para coger el suyo propio (lo tenía aparcado más adelante, y en él estaban Andrés, Adriana y Vimal).

Dimos un paseo más que notable, de hecho cruzamos tanto el río Garona (por el gran puente de hierro -similar al de Sevilla, aunque quizás más grande-) y el otro río (también atravesado por un puente metálico, distinto del anterior, pero también muy alto) que se une a éste y cuyo nombre no me viene ahora a la cabeza. Casi al final del trayecto hicimos una breve parada en una tienda de vinos, y allí Jill compró algunas botellas. Después de la petit y alcohólica compra continuamos el viaje, y torcimos a la derecha para acabar en un estrecho camino asfaltado. En el panorama, verde requeteverde, destacaban los viñedos, que los había a mansalva.

No tardamos mucho más en llegar a nuestro destino, que no era una maison, sino una chateau, o sea, como una especie de cortijo en España. Y lo cierto es que era grandecilla y antigua, sí señor.

Metimos las cosas en su interior y pusimos la mesa y demás, aunque antes debimos recorrerla de punta a punta, y contemplamos algunos tapices descoloridos por la edad que colgaban y decoraban las paredes con sus bonitos dibujos. Comimos unos entrantes (bizcocho con carne, pastas, lo típico) y charlamos y demás (en español, francés e inglés), y tras ello le tocó el turno al almuerzo, que consistió en chistorras hechas por Jill, arroz y algo de verdura que yo, evidentemente, no comí, todo ello servido con vino y para mí zumo y también probé Pulco, que es una especie de concentrado de fruta (se bebe diluido en agua); el postre fue y no fue variado, pues consistió en tres pasteles distintos, aunque yo probé sólo uno (en aquellos instantes no se me apetecía, pero ahora que pienso en ellos me entran unas ganas enormes de probarlos -_-).

Después de que un breve reposo y que el personal se tomara un cafetito, nos fuimos a dar un paseo (menos mal, porque ya me comenzaba a invadir el sueño, de hecho en una ocasión me ofrecieron una cama para dormir -pues se ve que me vieron cara de sueño, y además ya les había contada que había pasado toda la noche con los mejicanos-).

El paseo fue agradable, el paisaje, como ya he dicho, era predominantemente de viñedos con algunos árboles y bosquecillos desperdigados, y todo era muy verde, daba gusto verlo. Durante éste nos topamos con un cerezo, y aprovechamos para comer algunos de sus frutos, que estaban la mar de sabrosos.

Una vez terminamos de dar el paseo vimos la casa por completo, nos enseñaron el piso de arriba, y había muuuchas habitaciones, y lo cierto es que uno se sentía en otra época en cada una de ellas, el techo, los cuadros, los muebles y adornos, e incluso las fotos hacía que uno se trasladara en el tiempo, lo cierto es que nos quedamos bastante alucinados el personal al ver las habitaciones.

Tras ello recogimos y partimos hacia Burdeos. Durante el trayecto casi me quedo dormido, y es que el cansancio ya estaba haciendo mella en mí. Y al llegar a nuestro destino, evidentemente, nos despedimos, me dieron una barra de pan, y les di las gracias por todo; y también rechacé la oferta de Marie de tomar un té, puesto que estaba hecho polvo.

Tiré para mi hogar y allí del tirón me metí en la ducha, y luego me puse a terminar de escribir la crónica del sábado y a realizar un resumen del domingo.

Bueno, y una vez comí, tiré para arriba, me cepillé los dientes, y agarré la cama (eran las nueve menos cuarto) y no la solté hasta las siete y media de la mañana (aunque me desperté en mitad de la noche por culpa de una que estaba cayendo, que sonaba muy fuerte en la ventana -al parecer era granizo-).

***


Y aquí os pongo la crónica del pasado jueves, o eso creo, de Sandra, que ella misma a escrito con su puño y letra, y que espero que la próxima que me mande estén corregidas las faltas y no meta tantos "Intros", porque si no se la va a publicar su ******* (censurado).

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Bueno, haré yo también mi crónica.

Me recogió Mme. y Mr. Lacoste (Nota mía: ¿tienen cara de cocodrilo?) en el hotel sobre las 9:45, tardaron un poco en venir porque habíamos quedado a las 9 y media y con los nervios se me hizo eterna la espera.

Mientras íbamos en el coche, Mme. Lacoste, me explico cómo podía ir a trabajar, y me dijo que tenia que ir andando hasta el tranvía en Sant Agustin (según ella había 10 minutos de la casa allí), y hacer el mismo recorrido que hago siempre.

Llegamos a la casa, no es muy grande, pero tiene un jardín en la entrada y otro en el interior muy bonitos. Me enseñó mi habitación, quedé con Mme. Lacoste para cenar por la noche, coloqué mis cosas y me fui en busca del tranvía para las prácticas. Con el mapa logré encontrarlo, pero tardé 25 minutos en llegar. Así que en una hora y cuarto estuve en el trabajo. Llegué y me fui directa al restaurante. Me comí una pizza y me fui para el laboratorio. Mi tutora me preguntó qué tal la familia y cómo venía desde Merignac. Entonces le expliqué todo lo que tenía que formar para llegar. Pero mis buenos compañeros Nicolás y Lorain me dijeron que podía coger el bus para venir que me dejaba allí al lado, y me buscaron toda la información necesaria en Internet (mapas, horarios...). Merçi!

A la salida tenia que coger el bus a las 17:16. Me puse en la parada pero lo perdí, porque se paró delante otro bus y pensé que el que venía detrás, que era el mío, iba a parar justo en la parada, pero no fue así y me dejó tirada. Entonces me quedé a esperar el siguiente que pasaba a las 17.41. El día estaba muy bueno, pero de repente, empezaron a sonar unas tormentas, y seguidamente empezó a caer un chaparrón, y no sabia donde meterme. Como cada vez apretaba mas decidí correr a buscar refugio. Encontré unas escaleras de unos garajes donde había una chica, metida, y pensé que allí no me iba a mojar, pero no fue así. Corrimos las dos hacia otro sitio, pero ya tenia mojada hasta las bragas. Cuando escampó volví a la parada, pero el bus no pasaba...pregunté a un mujer, y me dijo que esa parada no era la que yo tenia que coger, era justo la de enfrente y allí lo cogi, por fin. Llegué a la casa sana y salva después de preguntar a varias personas que me iba encontrando por el camino. Fui a llamar a mis padres a una cabina y cuando volví estaba en casa Clementine, la hija de Mme Lacoste. Me duché, cenamos en el jardín (sonando tormentas y todo) y me fui a mi habitación.

Algo que me sorprendió después de la cena, es que la niña con 16 años, se fumara un cigarro con sus padres. En fin, eran las 9 y media de la noche, y ya no sabia que hacer...Me puse a escuchar música y hacer cosas en el portátil, y fue cuando vino Clementine corriendo para decirme que si quería ir con ella que iba a presentarme a sus amigos. Estaban en un carril detrás de la casa, con un coche y escuchando reguetton. Estuve allí hasta las 11 y media hablando con ellos, que por cierto, me hacían unas preguntas un poco bastantes guarrillas, además querían que yo les tradujera con mímica una canción en reguetton bastante guarra también. Después de pasar un rato con ellos, Clementine y yo nos fuimos a casa. Estuvimos buscando su paquete de tabaco para fumarse uno en el patio y yo la acompañara, pero no lo encontramos. Lo que sí encontramos fue una caja de bombones, me ofreció, me dio dos, y nos fuimos cada una para nuestra habitación a dormir, que por cierto duermo en una litera muy chula.

Jour avec Sandra (et nuit avec mexicans) (Día 48)

A las once y cuarto aproximádamente me desperté, Toufik también lo hizo. Después del lavado de cara y demás bajé a desayunar, y después de hartarme de cereales rellenos de chocolate subí de nuevo y terminé de escribir la crónica del viernes. Cuando no había terminado de hacerlo Sandra me llamó (yo le envié un mensaje previamente, de hecho, envié dos, pues el primero que escribí se lo mandé por error a Sandruki, que está en Irlanda -_-), y quedamos en la Victoire.

En cuanto pude pillé el tranvía y me fui directo a dicho lugar, donde Sandra (con sus recién compradas gafas rosas) me esperaba en la parada. No había hambre aún, por lo que decidimos ir a dar una vuelta, hicimos escala en un par de librerías especializadas en cómics (que suerte tienen los franceses), y cuando mi compañera comenzó a pensar en comida fuimos en busca del kebab más bueno de Burdeos, pero, a pesar que dimos muchas vueltas, no lo encontramos, por lo que decidimos ir al lugar de siempre, que quizás no sea el mejor, pero está muy bueno.

Una vez nos zampamos el almuerzo tiramos para la parada de tranvía con la intención de ir a la ribera del río, pues le comuniqué a Sandra que había un barco y había que verlo. Al llegar a nuestro destino nos dimos cuenta que se podía entrar en el barco, aunque no teníamos claro en un principio si era gratis o no, a nosotros nos pareció que sí (y así era), por lo que hicimos cola, y cuando llegó la hora abordamos el barco y me jodió cantidad que se me acabaran las pilas, sólo pude hacer una foto sobre éste... y eso jodío bastante; no obstante para algo están los móviles, y Sandra tenía uno adecuado para ello (aunque nos es imposible pasar en estos momentos esas fotos, por lo que no las puedo poner). Bueno, el barco estaba bastante bien, era del ochenta y dos, fabricado en España y bueno, nos gustó bastante.

Una vez desembarcamos fuimos a comprar agua, y de paso un par de heladitos, nos comimos éstos sentados en un banco de Place du Palais y tras ello nos dirigimos a la lámina de agua para mojarnos los pies con los chorros del líquido elemento. Allí estuvimos un muy buen rato, esquivando a los niños que no dejaban de salpicar, y caminado descalzos en la tibia agua.

Nos hartamos de agua y se nos apetecía sombra, así que nos fuimos a patita hacia el Jardin Public, allí nos tendimos en el césped mientras que los patos nos acosaban pidiéndonos algo que llevarse al pico. Cuando se hacía algo tarde Sandra decidió que era la hora de volver a su hogar, la acompañé hasta la Quinconces e hice lo propio yendo a ma maison.

Cenamos bastante bien, había ensalada de pasta, de zanahorias del día anterior, jamón serrano y york, y alguna cosilla más además del pan muy bueno y que cree Rocío que lo hace la mujer. Y ahora dentro de un rato he quedado con Carlos, pero como todavía no he conseguidos leer el futuro con lápices USB, pues ahora mismito no escribo nada más.

La noche de ayer, sábado, fue un caso a parte, realmente una noche genial, de las más divertidas que he pasado. Y ahora os hago partícipes de ella.

Después de actualizar el blog gracias al portátil de Rocío, fui raudo y veloz a por el tranvía para ir al encuentro de Carlos y al llegar a la catedral allí estaba junto con Gael (otra chavala que hace las prácticas), Gabriel, Dani Récord, Jordan y Rocío. Entonces cogimos otro tranvía y nos dirigimos en dirección al río, donde compramos alguna bebida en un 24 y nos dirigimos a la ribera del río, en la pantalla de agua (cerca del barco mejicano), donde nos sentamos. Tras un ratillo apareció súbitamente Veronique (una de nuestras profes de francés en el curso que hicimos) y su marido (que es mejicano), y allí se quedaron con nosotros, pues habían quedado con algunos marineros, y éstos no tardaron en hacer acto de presencia.

Bueno, llegaron y se lió, pues trajeron consigo tequila mejicano y posteriormente cerveza y alguna bebida más, y al personal le encantó el tequila, pues decía que entraba muy bien (a algunos le entró demasiado bien). Lo cierto es que eran unos tipos muy simpáticos y daba gusto hablar con ellos, eran muy divertidos y encima el acento que tienen como que hace gracia.

Carlos, creo, se lo pasó especialmente bien, pues además de beber tequila se hartó de hablar de política con Veronique y el esposo de ésta, y encima estaban de acuerdo con sus ideas, por lo que ya imaginaréis cómo se enrolló, pero fue divertido.

Cuando llevábamos un buen rato charlando, bebiendo, riendo y cantando aparecieron Lidia y Jennifer, que se habían hartado de fregar platos al parecer.

Allí el personal estaba cada vezpeor, había un chileno (que se llamaba Raúl), que el pobre estaba fatal, pues se ponía a hablar en inglés y cuando le decíamos que lo hiciera en español decía "sorry" y proseguía en el idioma de Shakespeare, pero se daba cuenta y cambiaba al español, pero al poco rato otra vez volvía a hablar en inglés. Además con éste se metían todos los marineros, incluidos los mandamases.

Después de unas horas nos trasladamos más cerca del barco, donde continuamos como hasta ese momento, e incluso mejor, porque Paco (uno de los marineros), fue a por su guitarra y cantamos alguna cancioncilla (aunque Lidia, que canta muy bien, se negaba a hacerlo -aunque más tarde lo haría-). Y bueno, allí estuvimos de cachondeo hasta las seis y algo de la mañana.

Algo que hay que contar es como acabaron ciertas personas:

-El chileno, que estaba todo borracho, no dejaba en paz a la pobre Jennifer, y es que ya lo había intentado con Rocío sin éxito por lo que quería probar suerte con la chavala. No la tuvo.

-Carlos estaba bien bebido, entre el ron con cocaloca, el tequila, la cerveza y el vino mejicano, más cerveza de Francia se le subió a la cabeza, pero aún así se podría decir que estaba más o menos bien.

-Rocío estaba un poco tocadita, pero nada grave, mientras que Lidia estaba en sus cabales, y yo que había sido el único que no había bebido estaba fresco como una rosa.

-Gael, Gabriel y Jordan se fueron antes que nadie, pero estaban de pie cuando lo hicieron.

-Un caso a parte en el Hombre Record alias "Dani", que se ve que no sabe beber, o simplemente no resiste mucho, porque estaba fatal, y echó el pato, la pata y los patitos, además de sus primeras papillas, apenas se tenía en pie en condiciones en ciertos momentos y los mejicanos se hartaron de reir a su costa y encima se echaron fotos con él echo polvo. En estos instantes seguro que sufre una jaqueca de las buenas.

Bien, cuando llegó la hora de marcharnos así lo hicimos, tuvimos que correr para coger el tram. Rocío y yo nos bajamos en Quinconces y nos fuimos a casita a pie, mientras que el resto debía coger otro tranvía y después creo que un autobús. Al llegar a nuestra dulce maison, desayunamos cereales y nos acostamos sobre las siete menos cuarto... y yo que quería acostarme tempranito -_-

Ah, los marineros nos invitaron a ir al barco otro día para enseñárnoslo por dentro, así que probablemente iremos el lunes.



PD: Nota, en los comentarios de la entrada anterior (correspondiente al viernes) podéis leer una crónica de Carlos de dicho día.

sábado, 16 de junio de 2007

Attendre (Día 47)

Me desperté junto al despertador, que no paraba de dar por culo, mas permanecí un rato en la mullida cama. Sobre las siete y media me levanté, y tras el aseo personal bajé para desayunar (cereales rellenos de chocolate). Tras éste me dirigí con brioso paso a la Quinconces, donde me esperaba el tranvía. El viaje fue tranquilo.

En las prácticas terminé la página Web antes de almorzar, y aprés-midi no hice mucho durante un rato hasta que apareció Schatz y Sébastien, que miraron el sitio y les gustó bastante, aunque no quedaron muy convencidos con buena parte de las imágenes, por lo que me van a pasar otras el lunes.

Antes del almuerzo, Jill (no sé si se escribe así, pero es el francés) me invitó el domingo a ir a casa de los padres de su novia para hacer una especie de picnic, pero al principio le dije que no sabía, ya que no tenía claro si íbamos a hacer algo interesante nosotros. En el camino hacia el restaurante me topé con Carlos, quien me contó su odisea para llegar hasta la universidad desde su nuevo hogar, y quien me dijo que fuera el domingo al picnic, así que ya en el restaurante le informé a Jill que iría (además también irán Juan, su esposa y sus niñas, Andrés y su mujer Adriana, y Vimal). Sabiendo esto quedé con Juan a las cinco para ir a su casa, que es de donde vamos a partir.

A las cinco me pasé por la oficina de Juan, y tras esperarle un poco cogimos el repleto tranvía y, por supuesto, llegamos a la Quinconces. Andamos unos minutillos y llegamos hasta su casa, me invitó a entrar y allí estuve un rato en compañía de su mujer (que es francesa, pero habla bastante el español) y sus dos hijas pequeñas (que una no quería hablarme y a la otra le asustaba). Tras un rato y después que me apuntara la dirección por si las moscas me marché hacía me dulce y cuasi desconocido hogar.

Poco después de la ducha tocó la cena, y esta vez estaba bastante mejor, y no sólo en cantidad. Había ensalada de coliflor (no comí), de zanahoria (comí, estaba rica), papas aliñadas (en realidad algo parecido, pero estaban muy buenas), guisantes con trocitos de carne (no comí) y carne con aceitunas (comí, estaba bueno). Justo después de la cena me conecté con el portátil de Rocío unos instantes y luego subí a la habitación para comenzar a escribir esta crónica, que no termina ici, ya que vamos a salir dentro de un rato (he quedado con Carlos en la Quinconces). Mas todo lo que suceda tendrá que esperar a ser escrito mañana.

Y ya es mañana, y por lo tanto ha llegado la hora de relatar tales hechos. Aunque, todo sea dicho, no hay mucho que reseñar.

Se acercaba las diez de la noche cuando Carlos me mandó un mensaje diciéndome que iba a llegar a la Quinconces, así que terminé de escribir velozmente lo que escribía, apagué el ordenador y tiré para dicho lugar. Cuando llegué allí estaba el chaval, sentado y hablando por teléfono con su padre, nos saludamos y esperé un momento a que terminará con la plática.
Cuando finalizó le informé que Toufik y Rocío habían ido a acompañar a Pepe a la estación, y que habíamos quedado en Place du Palais o en Place du Parlament. Nos fuimos a pie a la primera y allí esperamos durante un buen rato, comenzó a llover y nos refugiamos con las paredes del edificio, continuamos esperando y al final Carlos llamó a Rocío, y acabamos por quedar a las once y media en Hotel de Ville, donde mi camarada también había quedado previamente con más personal.

Esperamos (siempre esperamos), un buen rato a la protección de la pared para que llegara un tranvía que nos llevara una parada más arriba y desde allí coger el tram que nos llevase hasta nuestro destino. Llegó al fin y no lo perdimos en el intento, y al llegar a la estación en cuestión nos encontramos con Toufik y Rocío esperando. Juntos cogimos el tranvía destino a la catedral (o sea, a Hotel de Ville -que no es un hotel, sino el ayuntamiento o similar-). En dicha parada no había nadie aún, así que de nuevo tuvimos que esperar, aunque al menos no llovía.

Los primeros que llegaron fueron Jennifer (de Medina), Dani (más conocido como "Hombre Récord" o Recordman), y Lulu (o similar, es francesa), y en su compañía esperamos a Lidia (cien por cien gaditana), Gabriel y Jordan.

Nos dirigimos a la plaza de la estatua del ángel y allí nos apalancamos, durante un momento parecía que el tiempo se había estabilizado, pero resultó que comenzó a llover de nuevo y hacía frío, mas por suerte estábamos cobijados por unos grandes árboles. Pasamos un buen rato allí, sentados bebiendo, charlando y cantando mal. A eso de la una decidí irme con Toufik a la casa, y es que no me gustaba nada el tiempo que había y el frío no ayudaba. Los demás siguieron unos instantes en la plaza, aunque poco después observé que se fueron a la otra parada del tram (a la Línea A, yo estaba en la B). Y a las una y pico me encamé, aunque con cierta sensación de que, a pesar del tiempo, debería haberme quedado un rato más con el personal.

Otra cosita reseñable, según el Hombre Récord batimos el record de asistentes a una botellona en Burdeos... éramos diez.

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"Yo lo que necesito es una negra, es todo lo que necesito" Raúl (refiriéndose a una bola negra del juego Puzzle Bubble)

viernes, 15 de junio de 2007

La mudanza (o la triste separación) (Día 46 -14/06/2007-)

Nos levantamos algo más tarde de lo acostumbrado, sobre las ocho de la mañana, y es que ha sido día de mudanza. Por cierto, Carlos tardó mucho menos de lo acostumbrado en espabilarse.

Para desayunar fue necesario limpiar algunas cosas, ya que la noche anterior no nos paramos a fregar lo de la fiestecita.

Aprés del petit dejeuner cada uno fue haciendo los arreglos de última hora: que si el cepillo de dientes, una camisa perdida, etc... Antes de finalizar esta operación Salma me avisó a mí y también a Toufik diciendo que Mme. Dambrine vendría más temprano de lo estipulado (las 9:30 horas), por lo que debimos aligerar el paso.
Bajé con cierto trabajo el macuto, y en recepción se encontraba Toufik discutiendo con el recepcionista y con la compañía de nuestra "mamá" adoptiva (me presenté y ella también lo hizo... más o menos). La discusión era sobre una factura de teléfono que le querían encasquetar.

Nos despedimos temporalmente de Carlos y Sandra (que acababan de bajar, el primero estaba ayudando a la segunda), metimos como pudimos el equipaje en el Opel Corsa de la señora y nos dirigimos raudos y veloces a nuestra nueva maison. La casa está muy cerca del Jardin Public, que a su vez está a cinco minutos de la Quinconces, por lo que me viene bien para coger el tranvía y eso. Bueno, la casa es grande, muy grande, pero nuestra habitación es... cómo decirlo, no muy espaciosa y un tanto cálida (y quizás demasiado luminosa cuando sale el sol). Pongo unas fotillos para que le echéis un vistazo (Nota: se me han olvidado pasarlas, así que las pondré en otro momento).

Después de meter la ropa en el armario y eso, nos fuimos con Pepe a tomar algo (yo de paso me llevé la mochila para pillar el tranvía e ir a las prácticas). Decidieron que el sitio ideal era al lado del Gran Teatro, y allí nos quedamos un buen rato.

Tras el "hasta luego" cogí el tranvía y fui a las prácticas, aunque lo primero que hice fue comer con mis compañeros de almuerzo. Y una vez estuvo el estómago lleno regresé a mi despacho y proseguí con la Web (aunque antes quedé con Juan a las cinco y media para ir los dos a nuestros respectivos hogares -él vive cerca de donde yo ahora, al parecer-), pero cuando llegó la hora apareció tarde y me dijo que lo sentía pero que aún no había finalizado lo que estaba haciendo. El viaje en tranvía fue solitario y tranquilo.

Me perdí, sí, no encontraba la casa, y es que las calles son un tanto laberínticas, y tras un rato dando vueltas, y consultando el mapa pregunté a un hombre que me indicó dónde se encontraba. Otra cosa fue abrir la puerta, ésta no la abrimos con llave, sino con una clave, pero la introducía y no podía abrirla, y tuvo que hacerlo Mme. Dambrine desde dentro, y posteriormente me explicó cómo se hacía.

Subí a la habitación (está en la segunda planta, y se me ha olvidado decir que no tiene ventana... bueno, sí que tiene, pero está arriba y no se abre) y allí estaba Toufik. Tras un ratillo fuimos a la calle con la intención de ir al Meriadeck para que comprara éste algo, pero comenzó a llover a cantaros y nos tuvimos que refugiar entre un árbol y un edificio. Al final cogimos calle abajo para echar un vistazo, y Toufik compró en una tienda lo que buscaba. Ah, antes de salir conocimos a una inquilina de la casa, era un turca, y no recuerdo el nombre.

Cuando regresamos me duché y al poco bajamos para comer. La cena fue un tanto frugal, lo más fuerte fue el postre y porque me comí tres (un plátano, un pequeño níspero o similar y un yogur hecho por la señora -creo-). Conocimos durante esta a otro español, y a otra chavala francesa -creo- y a dos personas más (creo que la hija y el nieto de Mme. Dambrine).

Una vez finalizada la cena nos fuimos con Rocío y Pepe a dar una vuelta, ya que ésta había quedado con una compi del trabajo. Estuvimos hasta las doce en una cervecería o algo por el estilo; y tras ello volvimos al dulce e inexplorado hogar, donde repasé un par de crónicas y escribí esta misma. Y ahora mismo me acuesto, que ya son casi las una y media y hoy quería acostarme temprano -_-


PD: A Sandra también la recogían su familia adoptiva por la mañana, mientras que a Carlos y Salma era por la tarde. Ahora mismo no tengo noticias de ellos.

PD2: Os recomiendo que miréis los comentarios si queréis saber como le fue a Carlos.


NOTA IMPORTANTE: A partir de AYER la publicación de las entradas es más que probable no se produzcan a diario, ya sea por razones de accesibilidad a Internet o disponibilidad de tiempo. Espero que podáis perdonarme por ello.


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"¿Hacemos eso...? ¿Cómo se hacía? Que yo no me acuerdo" Sandra M.

Burdeos es Bordeaux, y la última noche en el hotel (Dia 45)

Me costó levantarme, lo reconozco, durante al menos cinco minutos estuve dudando si hacerlo, pero lo hice, ¡sí, señor! Carlos se podría decir que incluso se espabiló rápido. Cuando abrí la persiana, poco antes de comenzar a desayunar, pensé que esto era Burdeos, que no me cabía la menor duda, y es que llovía con determinación, para abajo y todo, después de tomar el petit dejeuner se lo estuve comentando a Sandra, y ella asintió.

La jornada "practical", como suele pasar, fue fructífera, pero el final de ésta se me hizo pesado, ya que estaba cansado y me entró sueño. Ah, Schatz y Sébastien me visitaron y les gustó lo que he realizado hasta ahora.

Durante el almuerzo tuvimos una conversación interesante, el asunto era sobre insultos internacionales. Hablamos sobre los insultos franceses, argentinos y españoles, y no sé si también alguno hindú cayó en la lista; fue instructivo (y toda la plática fue en español, francés e inglés).

Una vez terminada la jornada, Carlos y yo nos fuimos a hacer algunas compras para la fiesta-cena que se va a realizar esta noche, compramos vino para los alcohólicos y también algún que otro refresco. Por cierto, no nos cruzamos con Sandra en el tranvía, creo que fue de compras por su cuenta, sin avisar a nadie.

Ya en el hotel actualicé el blog tras una ducha relajante, bueno, actualicé hasta donde me dejó Internet, ya que la conexión no tardó en marcharse de vacaciones y me quedé con las ganas de publicar la entrada del martes.

Ah, la cena-fiesta de esta noche se debe a que esta es nuestra última noche en el hotel. En un principio teníamos planeado hacerla en la habitación de las niñas, ya que tienen balcón y de esta forma los fumadores no tienen porque apelotonarse en la ventana y yo no tengo que echarlos si se les ocurre fumar lejos de ella, mas Salma se ve que no tiene muchas ganas de fiesta, pues se ha negado a que sea celebrada allí.

Y celebramos la cena en nuestra habitación, la 182. Yo hice un par de tortillas, Toufik un montón de pasta y Rocío se trajo (además de a su amigo Pepe) otra tantas cosas. Estuvimos hasta la una, y nos dimos una pechá de comer y pasamos un buen rato.

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"Vosotros si queréis hacerlo lo hacéis, yo por mí no..." Sandra M.

Visita al muséo de Aquitania, y una cena romántica (Día 44)

El martes por la mañana no fue una excepción, o sea, que no cambió nada en absoluto: Carlos se despertó y levantó tarde, Sandra apareció a la misma hora de siempre, y desayunamos sin prisas, con toda la calma del mundo. Pero eso, como siempre, no evitó que llegáramos a tiempo a las prácticas.

La jornada laboral, para mí, fue bastante fructífera, ya que avancé notablemente en la re-realización del sitio Web, y a eso le sumamos que Schatz me pasó casi todo el material que faltaba para la realización de éste, lo cierto es que el día pasó rápido, y el solecito reinante ayudó a ello.

A Carlos le llamó su jefe por teléfono (en una llamada internacional) para decirle directamente que le había asignado otra tarea (saltando de este modo al jefe de departamento)... y en estos momentos me parece que tiene sobrecarga de trabajo.

Respecto a Sandra, nuestra querida femme fatale, se topó con el chavalito negro que se le presentó en el famoso almuerzo y le pidió salir... Pero ella se negó a pesar de la insistencia de éste.

Tras el curro, nos compramos un dulcecito en Hotel de Ville y nos dirigimos al Musée de Aquitaine, donde nos dieron una visita privada a una exposición de pintura haitiana inspirada en el vudú, lo cierto es que estuvo muy interesante, las pinturas eran tremendamente coloridas y llamativas (al menos algunas de ellas), y el que explicaba era un tipo agradable y hablaba un perfecto francés, a eso hay que sumarle que se enrollaba bastante, y que no estábamos sentados precisamente, y que veníamos de una jornada de trabajo de ocho horas. O sea, que no éramos pocos los que pensábamos que hubiera sido más correcto realizar dicha visita un fin de semana.

Una vez recorrimos las tres salas que tenía la exposición, yo tiré para el hotel, mientras que el resto fueron a tomarse un aperitivo, que fuimos todos invitados a ello, que consistió en tres vasitos de vino y canapés... y en tres euros. Y es que el personal no piensa, desde luego que fuimos invitados a tomar un aperitivo, pero eso no quería decir que no tuvieran que pagarlo, en la invitación no ponía nada de que el aperitivo en sí fuera gratis, sólo invitaba al personal a que fuera a tomárselo.

Sandra llegó antes que Carlos (que se quedó con Toufik y los demás en una "pizzería-kebaría"), pues no se encontraba del todo bien. Apareció con la intención de comenzar a hacer la cena, pero me pilló en el justo momento en el que me iba a meter en la ducha, por lo que decidió esperar y ducharse de paso ella también (en la ducha de su habitación, que seguro que más de uno ha pensado cosas malas).

Una vez nos aseamos procedimos a cocinar. La cena fue sencillita, filetes empanados y puré de patatas, pero fue la mar de romántica, ya que como teníamos una velita allí la puse en la mesa y la encendí en el momento en el que Sandra hablaba con su madre por teléfono, bueno, y la cena nos supo genial, estaba muy buena, y la luz de la vela enterneció nuestros corazones y... y después fregamos romántica y metafóricamente los platos.

Al poco de que acabáramos de manger, ya incluso se había ido Sandra a su habitación a soñar con los angelitos, Carlos hizo una espectacular aparición. Al poco de este suceso bajamos con la intención (al menos yo), de actualizar el blog, pero aunque había conexión de red no había Internet. Por lo que nos subimos cabizbajos a nuestra estancia. Como viene siendo habitual nos acostamos tarde, y esta vez fui yo el que lo hizo aprés.

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"¿Dónde lo metí yo el plátano?" Raúl

miércoles, 13 de junio de 2007

Suculenta cena, día tranquilo (Día 43 -11/06/2007-)

Para no-sorpresa del respetable a Carlos le costó despertarse, Sandra llegó sobre menos veinte y yo me desperté a las siete y dieciocho minutos, y preparé las cosas para el petit dejeuner.

El día laboral fue bueno, a pesar que mi tutor, otra vez, me pidió que rehiciera el sitio Web (y ya van cuatro), pero en esta ocasión incluso me ha dado el diseño que quería que le hiciera, por lo que me facilita de este modo enormemente el trabajo.

Respecto a Carlitos, lo más destacado es que su jefe le llamó personalmente a su despacho para decirle que hiciera unas modificaciones en una base de datos.

Después del trabajo fuimos directamente a hacer una compra, pero no estábamos todos, ya que Salma y Sandra se fueron de tiendas por la zona de la catedral de Saint Andre, mientras que nuestros pasos (los de Carlos y los míos) nos llevaron hasta el Auchan, donde nos avituallamos con todo lo necesario para poder sobrevivir los tres días que nos queda(ba)n en el hotel.

En cuanto llegamos al hotel, Carlos se puso a cortar la carne que compramos (gracias al tío de éste, que nos ha invitado) y yo posteriormente la aliñé con ajo, persil y aceitito de oliva. Para acompañar a la carne hice arroz con fideos, y cenamos los cuatro juntos de nuevo hasta casi reventar (gracias, tío de Carlos :-).

Después de comer me puse a actualizar el blog como un loco, y subí las entradas que tanto parecen haber gustado. Tanto mi compañero como yo nos acostamos tarde (el primero aún más tarde).



Nota: La entrevista en estos momentos es una seria duda, ya que apenas tenemos tiempo, pero Javi puede quedarse tranquilo, ya que sus preguntas no caerán en el olvido, y si no es esta semana será la siguiente cuando tengan respuestas.